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AQUELLOS Y ESTOS... TIEMPOS y II (Continuación del relato
MensajePublicado: Mie Jul 23, 2014 10:21 am Responder citando
Antonio García Fuentes
Escritor y filósofo
Escritor y filósofo

Registrado: 07 Sep 2008
Mensajes: 3328




AQUELLOS Y ESTOS... TIEMPOS y II

(Continuación del relato de ayer)… y algún derramamiento de alguna poca sangre, producida por caída, pequeño accidente o... de incluso una pedrada... pero eran cosas normales y aceptadas por lo mínimamente que se presentaban casos de alguna gravedad... y que yo no recuerdo ninguno en este momento... y efectivamente eso ocurría en esos años que el narrador dice y lo dice muy bien y en un estilo humano; y envidiable por lo limpio y sencillo del mismo... era simplemente una verdad que todo aquel que hoy tiene alrededor de cuarenta años lo puede atestiguar, e incluso sus ojos brillarán como limpios diamantes en los recuerdos gratos y menos gratos de aquellas andanzas, dónde los niños se formaban como tales y aprendían a comprenderse entre sí mediante los juegos, que son la antesala de entrada a las sociedades adultas.

Eran épocas en que un simple municipal (guardia del ayuntamiento) y sin armas ningunas, si bien solían llevar un “lapo” al cinto para usarlo contra quienes lo merecieran (nunca contra los niños) por sus actuaciones delictivas, gamberriles, en diferentes maneras, que las había... pero aquellos niños, al ver la presencia del guardia uniformado... sentían respeto y temor a la autoridad (no al hombre) y se extendía ello al simple guarda de parques y jardines, pero nunca sentían miedo... el miedo lo sentirían los delincuentes, gamberros, bebedores empedernidos y violentos, a los que se apaleaba sin contemplación alguna y eran llevados, al cuartelillo o comisaría y después al juzgado y posteriormente a la cárcel si procedía ello.
Si hablamos del campo... el campo era, eso mismo... campo, dónde y respetando la propiedad privada, podías ir a cualquier lugar... y estoy hablando de niños de diez o pocos años más (acompañados de menores, incluso), que iban a bañarse a ríos, charcas o lagunas, de aguas muy limpias y que después nos han podrido los avances tecnológicos, que en eso... avanzaron para envenenar más que para sanear ambientes (hoy pomposamente denominados ecológicos) que ya eran sanos entonces y que por cuanto ocurre nunca lo van a volver a ser.
Era normal el que una pandilla o grupo de varios amiguitos, recibieran de su madre un pedazo de pan y algo para acompañarlo y fueran solos a las márgenes de un río, o a escalar un no muy lejano cerro (por sendas, veredas y caminos ya trazados) o incluso a las laderas de una montaña y pasaban el día con sencillez; ellos sabían que la sed la aplacarían con fuentes (“nacimientos”) de aguas naturales y que conocían o que les indicaba cualquier labriego o pastor de cabras u ovejas (yo he bebido agua en el propio río), con el que hablarían e incluso se sentarían a su lado y aquellas buenas gentes, les contarían mil cosas maravillosas, sentados a su lado y tomando el sol ó a la sombra de un árbol o talud, mientras el murmullo del campo y el canto de los pájaros eran los eternos acompañantes de una vida mucho más natural que la que hoy nos rodea y dónde sólo hay... “cemento y frialdad... hoy la gente huye de la gente... todo el mundo va deprisa... hacia ninguna parte”... otros se esconden y llegan a morir en soledad.
Nunca olvidaré la delicia inmensa de oír a un pastor tocar una flauta, hecha por el mismo y de una vulgar caña... y sin embargo de aquel rústico instrumento, salieron sonidos enormemente emotivos y que aún resuenan en mi alma... mucho más, que los que luego ya muchos años después, oyera junto a mi esposa, en la propia sede de “La Filarmónica de Berlín”. Fue tan fuerte aquella vivencia de niño, que motivó un relato que anda por ahí (“La Flauta y el Pastor”) y el que ningún editor quiso editar.
Si nos remontamos veinte años más... y nos trasladamos, esos años antes de los que el narrador cita (años 1940/1950)... yo y muchos niños como yo, hemos fabricado múltiples y rústicos juguetes improvisados y que iban, desde la caña entre las piernas y que corriendo, nos imaginábamos ir cabalgando a un caballo... hasta ir a por greda (arcilla) para entretenernos en modelar figuritas o recipientes igualmente rústicos, pero que secados al sol eran nuestro orgullo y en verdad (creedme) había niños perfectamente dotados, que lograban hacer con aquel barro muy logradas figuras de animales de pelo y pluma... de acuerdo que éramos traviesos e incluso hacíamos “guerrillas”, tirándonos las piñas de ciertos cipreses, haciendo espadas de madera, arcos y flechas igualmente de madera, incluso “escopetas de caña”, pero aquellas eran armas inofensivas... íbamos a robar fruta, flores, o incluso alguna lechuga a los huertos cercanos... pero eran chiquilladas, pues eran simplemente por comerlas... no había maldad. ¿Qué había alguna desgracia?... pudiera ser, que de tarde en tarde, algo ocurría grave, pero generalmente nunca... “llegaba la sangre al río”, como vulgarmente se dice... o decía entonces.
Los que iban a la escuela (que no todos podían) respetaban al maestro o maestra, tanto o más que a los propios padres y llegaban a quererlos... incluso las personas mayores, eran respetadas en general y cualquier adulto se consideraba autorizado, para reprender a un niño, algo que realizara, mal hecho... incluso ello era agradecido por los padres... y no pasaba nada; no había niños o jóvenes violentos y era raro el caso, que cuando ocurría era comentado con desprecio hacia el tal... la vida era dura... pero mucho más humana que hoy, dónde esos mismos niños de los años sesenta, ya están impregnados de un miedo, que siguen transmitiendo a sus vástagos... mientras la calle, la ciudad, la carretera, el campo... todo ha quedado en manos de unas minorías... de indeseables y a los que no hay forma de quitar de la circulación, sin que sepamos el porqué de ello... pues hoy, se dice... hay muchos más medios que entonces, pero... ¿dónde están?... ¿Esta es la libertad y el orden que marca un verdadero progreso’... ¡¡QUÉ ME LO EXPLIQUEN!!... “no olvidemos que disciplina y orden, no es tiranía, ni mucho menos”... por el contrario la permisividad en exceso y cuanto ya ocurre en las calles, no dudemos que alguna vez terminará en tiranías, que ya conocimos en el pasado.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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AQUELLOS Y ESTOS... TIEMPOS y II (Continuación del relato
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