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Cartas con un drogadicto ya muerto III y IV
MensajePublicado: Jue Oct 31, 2019 10:15 am Responder citando
Antonio García Fuentes
Escritor y filósofo
Escritor y filósofo

Registrado: 07 Sep 2008
Mensajes: 3480




Cartas con un drogadicto ya muerto III

NOTA: Los nombres que yo cito, son reales: ténganlo en cuenta: “Corre el año 2001” y textualmente me escribe: RELATO 4º SEGUNDA PARTE: (a la atención de Don Antonio). Lo anotado arriba viene manuscrito y el resto mecanografiado: dice así:
No es fácil explicar, ¿el por qué? No obstante lo intentaré. No puedo decir que el ambiente que me rodeaba fuera el culpable, como parece ser el caso de muchos otros jóvenes, nacidos éstos, en grandes urbes y por ello arrastrados a un estilo de vida que converge en drogas y delincuencia. Muy al contrario conocí las drogas, en un pequeño municipio del Este asturiano, de apenas cinco mil habitantes, si bien es cierto que sufría un considerable aumento en la época estival o vacacional; probablemente de esa manera llegó a nosotros tan terrible mal; me refiero a que algunos veraneantes fueron, quienes nos mostraron “el uso y disfrute” (por aquel entonces) de las drogas. También algunos hijos o nativos del pueblo, que estudiaban en la capital (Oviedo) traían el hábito de las susodichas drogas. Hay que resaltar que... “ningún drogadicto nació con una aguja en la mano”... éste proceso de la drogadicción, lleva sus años y hace dos décadas (1980) bastante más de lo que se necesita ahora; el motivo es obvio; nosotros “fuimos los pioneros” y por tanto debimos dar “un paso tras de otro”, pero bastante despacio en comparación a la ‘velocidad’ que lleva hoy.
Como ya le comenté, la muerte del dictador (Franco) aconteció cuando yo contaba sólo quince años, edad ésta crucial en la vida de un joven. Equivocadamente nos lanzamos algunos a la vida, como si de “una piscina” se tratara; sin medir nuestras acciones usamos y abusamos de esa adquirida “libertad” .
Hijo de emigrantes, mis vínculos familiares dejaron mucho que desear, puesto que se me envió desde Suiza (donde emigró mi familia) a España, con el fin de que realizara mis estudios en el idioma español; así, en colegios internos fui forjando mi personalidad, haciéndome auto suficiente, atrevido, capaz de enfrentarme a “cualquier cosa”. En aquella época, mi punto de referencia era mi padre, el espejo donde yo me miraba; para mí era más que un héroe... desgraciadamente todas las cosas que de él aprendí fueron negativas, aunque (repito) entonces yo no las veía de esa forma.
Mi padre, era un hombre violento, jugador, mujeriego y bebedor, que no borrachín; en suma, un hombre peligroso; tristemente todos estos defectos, para mí, eran “hazañas a imitar”, incluso algunos compañeros me envidiaban, puesto que sus padres, verdaderamente actuaban como tales y no daban el triste ejemplo que daba el mío.
En unas vacaciones de verano en Suiza, cuando contaba precisamente quince años, se “las arregló” para que quedara “en manos” de una de sus amantes; durante unas horas y en el transcurso de ellas... con ésta mujer, perdí mi virginidad y de la forma más vulgar y violenta que se pueda imaginar... aún hoy, recuerdo con repugnancia aquellos actos, que se repitieron en varias ocasiones sin yo poderlo evitar. En mi mente está “grabada” su cara y aquellas horribles gafas que portaba. Quedé marcado por aquellos sucesos, a tal punto, que nunca más en mi vida, después; fui capaz de hacer el amor a ninguna mujer, que previamente no me hubiese gustado y por mucha necesidad biológica que tuviese.
Mi madre, siempre ha sido rehén de la dictadura de mi padre; Él es “dueño y señor”; ella, esclava enamorada y cuando se vio en la circunstancia de tener que elegir entre los hijos o el marido, nunca tuvo dudas... su esposo es para ella “dios”... y aunque mis hermanas y yo la queremos y disculpamos, como víctima; en nuestro interior, guardamos “una pequeñísima espina” clavada y en relación a esa elección que tomó en su momento.
De la manera que cuento o relato, me fui haciendo adulto, sin nadie en quien apoyarme, ni quien me educara como hubiese sido debido. El respeto entre mi padre y yo, fue perdiéndose, indudablemente por culpa suya y de sus “enseñanzas”.
Cumplidos los dieciséis años, me negué a seguir con mis estudios y de inmediato, surgieron los enfrentamientos; éstos, dieron como resultado, mi ingreso en el ejército como voluntario en la Marina Española. En éste cuerpo permanecí dieciocho meses, en ellos terminé de “formar mi maltrecha personalidad”; conociendo a otros muchos hombres y sus costumbres, sus comportamientos y en fin... “todas sus maneras”. Aprendí y me fijé, pero casi siempre en lo malo... llegaron al fin, los primeros “porros de hachís”. ¿Por qué?... pues por querer conocer en primer lugar, los efectos que causaban aquellos “porros” que algunos fumaban.
La primera vez no fue nada agradable, puesto que conseguí marearme y luego, tras sus efectos, tuve que vomitar; es en éste punto donde algunas personas vencen a las drogas, puesto que tan mal se llegan a sentir que... nunca más quieren volver a probar... por el contrario, otros como yo, atrevidos, prueban de nuevo en busca de “mejor experiencia” y es de ésta manera, como realmente se experimentan sus verdaderos efectos y cuando un nuevo factor entra en juego. Éste es ni más ni menos que el vicio.
El vicio es el que nos hace repetir y repetir, aquello que nos gusta. Por desgracia y cuando se trata de drogas, éstas repeticiones conducen al hábito y ya sabemos que ese hábito nos lleva a la dependencia y todas sus consecuencias.
Plasmar por escrito la sensación que siente el que fuma hachís, no es cosa fácil; podría decir que el humor (extraño humor), nos llega como primera consecuencia o efecto; éste en ocasiones es descontrolado hasta el punto que nos da la risa por todo; se nos agudizan ciertos sentidos en detrimento de otros; esencialmente te sientes “dueño” de ti y de las circunstancias que te rodean. En ocasiones consigues mayor claridad para ver las cosas.
Todo ello rueda por los suelos, una vez te has habituado y si por cualquiera de las circunstancias que concurran... te llega a faltar, la dosis que ya necesitas de la droga que sea. Entonces es cuando ya pasas el umbral del ‘infierno’.
Calificar las drogas como “blandas o duras”, podría muy bien dar lugar a equívocos, puesto que TODAS LAS DROGAS, SIN EXCEPCIÓN ALGUNA, LLEGAN A CREAR DEPENDENCIA; varía tan sólo, la escala de perjuicios que originan. Estoy convencido hoy, que nada positivo se saca de su consumo y por tanto, creo sinceramente que sólo la medicina, debiera tener acceso a las drogas.
Quiero hacer reflexión, con usted, sobre el hecho de que el primer lugar donde las drogas y sobre todo una de ellas (la heroína) hizo su aparición y por ello estragos, fue en el País Vasco ; queriendo encontrar razones para este hecho, nos percatamos algunos, que por simple coincidencia (“o no”); aparecen en las calles de Bilbao, dicha droga, poco después de que “ETA” , entrara “en escena”. Sabido es que, que durante algunos años, los jóvenes vascos, estuvieron más dedicados a las drogas, que a “ETA” y “sus políticas”. A tal punto, que la propia organización terrorista, tomó cartas en el asunto, llegando incluso a dar muerte a más de un traficante; desterrando de ésta expeditiva manera, el tráfico en toda la región (a la que ellos llaman su país). Aún hoy, aquellos vascos que tienen la desgracia de usar drogas, tienen que abastecerse de ellas, en las provincias limítrofes... ¿Pudo “una mano negra” intentar controlar al movimiento independentista vasco por medio de la heroína aparecida de repente y sin más?... Una pregunta que quedará como muchas otras... sin respuesta.
Licenciado, con tan sólo dieciocho años, me sentí “dueño del mundo”. Hay que tener en cuenta que cuando yo regresaba, aún no habían sido “tallados” los “mozos” de mi edad y hay que recordar, que por aquel entonces, “el mozo se convertía en hombre al llegar a ese hecho de ser tallado por el ejército” y ello “se confirmaba, después de su licenciamiento”. Por tanto y por esa regla admitida... yo, “ya era un hombre”.
Llevé al pequeño pueblo, el gusto por el hachís, que aún no el hábito; y efectivamente, enseguida me acerqué a algunos jóvenes de mi edad que estudiaban en la capital y que los fines de semana regresaban a casa, portando consigo, pequeñas cantidades de hachís. Así y fin de semana, tras semana, comenzamos el consumo; también y de ésta manera, llegamos al consumo diario y sin darnos cuenta nos habituamos a fumar a todas horas aquella droga, dependiendo ello tan sólo de la economía particular de cada uno; aspecto éste que rápidamente controlamos, puesto que el auge cada vez mayor de consumir, nos llevó de inmediato y por propia necesidad a ser nosotros quienes compráramos “al mayor” y después, vendiéramos “fraccionado”; como es lógico, de esta manera sufragábamos nuestro propio consumo; y cuando digo nosotros, me estoy refiriendo a un pequeño grupo formado por “los más veteranos”.
Entonces... desconocíamos por completo, las consecuencias que más tarde, tantos estragos nos causarían. Éramos entonces, como niños con un nuevo juguete. La casualidad quiso que una de las chicas del grupo, fuese dependienta en la farmacia del pueblo... podrá imaginarse el “bisnes” que tuvimos durante años. Empezamos con las pastillas, pues otra vez alguien nos habló de los efectos que causaba y de nuevo, los atrevidos, quisimos experimentarlo por nosotros mismos. Algunos de éstos fármacos fueron un fiasco, otros pudieron darnos más de un disgusto... otros resultaron como se esperaba; casi sentíamos predilección por las anfetaminas, usadas en medicina para diversos usos, las ingeríamos mezclándolas con alcohol; entonces, un estado de euforia se adueñaba de nuestra persona; al mismo tiempo, una incontenible verborrea salía de nuestros labios; a tal extremo, que ello era insufrible para las personas normales.
Otros fármacos, tales como el “Valiun”, ingeridos con alcohol, te sumían en “las nubes”... al caminar, pareciese como si pisaras sobre algodones y la vida transcurría a cámara lenta. Algunos otros fármacos, utilizados como “adelgazantes”, eran temibles alucinógenos, cuando eran ingeridos con bebidas alcohólicas (alcohol). (Continuará) Nota: Transcrito de mi libro “AL INFIERNO A TRAVÉS DE LAS DROGAS: VIAJE DE IDA Y VUELTA.

ARTÍCULO 3948 CARTAS CON UN DROGADICTO YA MUERTO IV

Cartas con un drogadicto ya muerto IV
Como anécdota (o mejor dicho terrible experiencia) personal, la que sigue.
Reunido el citado grupo en cierta ocasión y concretamente en los maravillosos Lagos de Covadonga; consumimos un fármaco de nombre, “Artane”; lo ingerimos sobre las diecinueve horas de un viernes de verano; pasaron dos horas y aquello “no subía” (no hacía efecto)... y como siempre, yo de ignorante y atrevido; comí más pastillas y bebí más cerveza, transcurrió tal vez una hora más, cuando de repente perdí el control... es más, perdí la consciencia de cuanto me rodeaba. La recobré de improviso y al tiempo que abría los ojos, sentí como se me arropaba con una manta; estaba en el suelo, pero bajo mi cuerpo ya no estaba el césped de los Lagos, si no por el contrario... una blanca arena y quienes me arropaban eran... “una pareja de la Guardia Civil”, que me encontró tirado en aquella playa (era pues arena de playa la que tenía bajo mi cuerpo)... estaba completamente desnudo, tan sólo portaba una zapatilla en uno de mis pies, pero curiosamente (la misma) me era totalmente desconocida. Para más asombro por mi parte, me encontraba nada menos que en la Playa del Sablón, sita ésta en el municipio de Llanes, que dista unos cuarenta kilómetros del lago Enol, que es donde comenzó, “ésta historia”.
Nunca logré recordar (lo intenté multitud de veces) nada de lo sucedido; mis amigos habían desaparecido y no estaban conmigo cuando recobré el conocimiento. Explicaciones posteriores, de éstos, me indicaron que... “desaparecía con alguien durante la noche”... y nada más pude saber...?
Cogí miedo a estos fármacos, por el riesgo tan enorme que se corre una vez pierdes el control sobre ti... “no sería extraño (por ejemplo) el que bajo sus efectos, te empeñaras en volar y para lograr ello, incluso te lanzaras a un precipicio, incluso con una sonrisa feliz en los labios”... Horrible, pero cierto.
Pese a todo cuanto digo, después de varios años abusando de los fármacos, nuestro vicio pedía más y así, entra en nuestras vidas el “L.S.D.”; o sea, el ácido lisérgico; droga de laboratorio creada en principio, quién sabe con qué obscuros fines; popularizada en los filmes sobre Vietnam, donde se difundió el que dicha droga, era suministrada a los soldados norteamericanos, para “animarlos” a combatir en aquellas espesas selvas .
Tengo que significar para orientación de los incautos, que ésta droga (L.S.D.) es terriblemente peligrosa; sabemos de quienes han quedado “colgados” o drogados para siempre, en base a uno de éstos ácidos.
Una de las particularidades de dichas drogas es que, agudizan extremadamente los sentidos, creando estados de gran euforia, así como alucinaciones, pero más controlables (algunas veces) que las anteriormente descritas; pero (ojo) también pueden arrastrarte descontroladamente, a acciones violentas.
Posteriormente a cuanto indico, aparece o irrumpe en nuestras vidas... “la Heroína” ... ésta es la responsable de mi personal odisea , como opiáceo que es, no tiene igual; crea gran dependencia; la sensación que siente quién la utiliza es en principio de enorme bienestar... “tan a gusto te encuentras que todo pasa a un segundo lugar”... los problemas más grandes dejan de parecerlo y no porque se encuentre la solución a los mismos, sino porque los posponemos tranquilamente, como si... “fuésemos dueños del tiempo”; tan sólo aparecen de nuevo... a la par que van desapareciendo los efectos de la dosis de droga a que ya te has habituado... “Lo que viene después de ello es terrible y más adelante lo cuento”.
Deseo hacer hincapié en que hasta que llegó la dependencia total a dicha droga y se apoderó totalmente de nuestra voluntad... el nuestro, era un mundo de “Jauja”; problemas, más bien pocos. Todo lo hacíamos en grupo; durante la semana fumábamos cuantos “porros” (hachís) caían a nuestro alcance. Los fines de semana, reuníamos nuestro dinero, formado así, lo que en nuestro argot, se denomina, “una vaca”; con el dinero de esa “vaca”, comprábamos la heroína, que más tarde consumíamos todos por igual, sin importarnos quién había puesto más o menos dinero... “aún no se había despertado en nosotros el egoísmo, que aparecería después”.
Se sucedieron semanas, a éstas meses, a éstos años... y sin habernos percatado de ello, ya el uso o empleo de la heroína era a diario (lo necesitábamos) aun cuando era entonces en pequeñas dosis... significó que desde un principio empleamos la vía intravenosa, puesto que las otras formas de consumo llegaron mucho más tarde y por miedo al recién (entonces) descubierto virus del “SIDA”.
Debo reconocer que tuvimos, lo que yo califico como “nuestra época dorada”, pues se nos tenía entre los demás jóvenes de la época, como... “chicos especiales”; éramos el centro de atención de aquellos otros y atraíamos con “nuestra filosofía ...Estoy seguro de que fuimos ejemplo a imitar y por consiguiente, responsables directos del destrozo de muchas vidas.
El mayor error que puede cometer un consumidor de drogas, aparte del de haberlas probado por primera vez, es... y de ello no tengo la menor duda, es el de drogarse en el trabajo o antes de ir a trabajar, puesto que descubre el usuario, la gran capacidad de resistencia ("no hay dolor"); imposible de entender (después) el ir a trabajar sin tu dosis habitual; ello está relacionado con los efectos sedantes que la heroína produce sobre ciertas células que poseemos y que nos transmiten ese dolor, cansancio ó agotamiento humano y normal... a través de nuestro cerebro. (Continuará).
Nota: Transcrito de mi libro “AL INFIERNO A TRAVÉS DE LAS DROGAS: VIAJE DE IDA Y VUELTA. (Inédito: pero está en mi Web)

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

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