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Dos huevos fritos: Un manjar y económico Sí; dos huevos de
MensajePublicado: Vie Nov 22, 2019 9:31 am Responder citando
Antonio García Fuentes
Escritor y filósofo
Escritor y filósofo

Registrado: 07 Sep 2008
Mensajes: 3593




Dos huevos fritos: Un manjar y económico

Sí; dos huevos de gallina, fritos con aceite de aceituna (mal denominado de oliva) y no otro, u otra grasa cualquiera; acompañado de unas abundantes láminas o rodajitas de ajo, fritas antes en igual aceite y tostadas éstas; sabiendo mantener la cantidad de aceite y éste en su temperatura idónea, (“no es fácil freír un huevo como dice el necio dicho popular”) logrando que la clara salga compacta y no quemada, la yema líquida… “esos dos huevos fritos son una obra maestra de la gastronomía y que ya la presencia y el aroma que desprenden, estimulan todas las apetencias de a quién guste de este plato; que es plato de rey, como más adelante diré”. Servidos ya en la mesa, recién sacados de la sartén, con un buen “chorreón” del aceite de la misma; con un buen y tierno pan de harina de trigo; y si se acompañan con unas “pocas” papas o “patatas fritas a lo pobre, o al montón”; y éstas llevan al lado, unos pocos pimientos verdes, tiernos y de tamaño pequeño; fritos en el mismo aceite, con “su rabo” y rajados por la mitad; calentito todo ello y junto a los huevos; y “el salero”. A su lado un “regular” vaso de vino, para saborearlo poco a poco y “sorbito a sorbito”, mientras se come; y sea ese vivo tinto, o blanco fino de Andalucía, donde hay muchos blancos y tintos; estos a temperatura fresca, no fría en exceso; y comerlo todo como se debe; sin cubierto y sólo “sopeando”, con sopas; llegando si procede, hasta chuparse los dedos; es manjar insuperable; y como plato único, seguro que deja saciado a cualquiera que “sepa comer”; y que no sea muy bruto comiendo. De postre una manzana asada y quitado el corazón antes de ello; y el hueco, rellenarlo a gusto del consumidor; “piñones, canela, licor, miel, algo de azúcar, “u lo que sea”; así, terminas como yo terminé ayer mismo… “feliz y contento; y durmiendo en el sillón, al arrullo de los ruidos de la televisión, que en estos casos, hace de nana maravillosa; cantada por un hada”. Por descontado que antes de dormirme, di mis más expresivas gracias a la señora que me cuida la casa en mi viudez (“Pepi”) y con la que estoy satisfecho, puesto que es, una, “señora ama de casa y de las que hoy hay pocas, muy pocas”; la juventud como en tantas cosas, quiere lo moderno; aunque ello sea muchas veces, basura, o “más que basura”.
Dicho ello, paso a relatar, otros episodios en los que “aquellos huevos”, fueron escasos o incluso ausentes en demasía; y algunos, “comidos miserablemente, debido a las miserias de un progenitor; y también de las miserias de épocas muy duras, transcurridas en aquellos años “cuarenta”, tras la terrible guerra civil española, pero en los que también, se asolaba medio mundo y en él ocurrían cosas terribles, culminadas con los bombardeos atómicos de las dos, “terriblemente famosas, ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki”.
En uno de esos casos y yo como protagonista y con edad de cinco años o cosa así; “conocí aquellos huevos”, en casa de una parienta acomodada, puesto que en aquellos tiempos, tener dos docenas de cabras y media docena de gallinas, era algo que en inmensa mayoría de españoles pobres, ni lo podían soñar siquiera; aquella mujer y sabiendo mi estado de orfandad; algunas veces, al ir a verla, al marchar, me entregaba un huevo, con la recomendación siempre, de que… “no lo rompas y que tu abuela te lo avíe”; no rompí ninguno de aquellos escasos huevos, y efectivamente, mi muy querida abuela, “me lo aviaba” y generalmente me lo comía frito, “yo sólo”, y aquello, sólo lo puede valorar quién pasara aquellos “años del hambre en España”, y donde el pan blanco era desconocido en la mayoría de hogares españoles, “y el negro o moreno, lo teníamos racionado, mediante cartillas oficiales, que nos lo asignaban fijando el peso diario y en gramos correspondientes a cada individuo”. Yo aún guardo mi cartilla de racionamiento, y seguro que no la vendería por nada del mundo… “hoy no paso hambre, al contrario, “el médico me dice que coma poco y ande mucho”, que son las dos medicinas que hoy recetan los médicos, para casi todas las enfermedades”…?
Y he dicho que aquellos huevos me los comía yo sólo; puesto que sé y por cuanto me lo confesó el interesado; que en una familia, que “también tenía, gallinas, cerdos, cabras y algunas tierras”; el muy económico (avaro o miserable) cabeza de familia, cuando tocaba comer huevos; a este conocido y a su hermana, ambos ya “zagalones y trabajando todo cuanto podían en la propiedad familiar”; les freían un huevo, igualmente de gallina, pero habían de comerlo entre los dos, mojando pan en el mismo y supongo que en el no muy abundante aceite; y ambos han llegado a viejos, puesto que yo cumplí ya ochenta y uno, y ellos tienen algunos más; también y como yo prosperaron mucho en la vida, y desde hace muchos años… “les sobran huevos”.
Y finalmente relato los huevos que comía, un rey de España; rey cobarde y que salió huyendo de España, por no hacer frente a su realidad y apechugar, con lo que tuvo la obligación de hacerlo. Aquel rey fue Alfonso XIII; al que le gustaban mucho los huevos de gallina fritos; los que comía como “sus súbditos más pobres y chupándose los dedos”; a lo que su real esposa, le regañaba diciéndole… “Alfonso, yo no sé cómo te puedes comer los huevos así; yo no lo haría nunca” ; y a lo que aquel socarrón monarca, que sabía de “huevos”, puesto que dejó algún que otro hijo bastardo; le respondía placenteramente: “Pues no sabes lo que te pierdes, Victoria”.
Y aquí termina este mi artículo, escrito sobre los huevos de “ambas clases”; y por cuanto me ha apetecido, hacerlo, por… “huevos o güevos de gallina o no de gallina”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
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