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Frente a mí el mar… y Al otro lado o enfrente, la costa
MensajePublicado: Mar Jun 17, 2014 8:44 am Responder citando
Antonio García Fuentes
Escritor y filósofo
Escritor y filósofo

Registrado: 07 Sep 2008
Mensajes: 3472




Frente a mí el mar… y

Al otro lado o enfrente, la costa africana y la ciudad española de Melilla; y donde me obligaron a ir de “militar de leva” a defender una patria que tan mal me trató… son cosas de la vida y que produce y provoca ese ser humano que de esto último tan poco tiene… eran los años 1960 y 1961 y aún se notaban grandemente, los terribles ecos de la tan terrible guerra civil española; aun cuando hay que reconocer que era entonces cuando Franco empezaba a brillar en el esplendor social y económico que consolidó en los últimos quince años de su… “reinado”.
Son las once de la mañana del día siete de junio; y me encuentro sentado en un banco del paseo marítimo y en la pérgola que junto al faro de Torre del Mar (Costa de Málaga) hay; a mi lado mi muy querido Yorkshire (Aníbal) el que igualmente sentado y pegado a mí, permanece quieto y tranquilo, si bien creo que al igual que yo está mirando al mar y todo cuanto a nuestro alrededor apreciamos, donde no faltan los gorriones y las palomas que vienen a ver qué les podemos dar para sus insaciables hambres de seres que parasitando al hombre, de él viven y prosperan.
Ese nuestro viejo mar (al que los romanos denominaron “nuestro”) que hoy brilla bajo un potente sol que le lanza sus más radiantes rayos, por lo que hoy deslumbra puesto que brilla como no brillaría un inmenso manto de diamantes bien pulidos y que hoy lo cubriera… a lo lejos y pese a lo viejo que ya soy, aún puedo ver la silueta del siguiente faro que hacia “Levante” se yergue en la costa de Torrox; todo lo cual me demuestra que pese a mis años mi vista sigue siendo bastante buena; por lo que sonrío conforme y bastante complacido; mientras noto a través de los efluvios marinos como mi ser va recibiendo el alimento imperceptible, que viene de… “la madre Mar”.
Entre el mar y yo, hay media docena de muy altas palmeras y en las que yendo y viniendo gritan y cotorrean una docena de nuevos invasores que a la fuerza han sido instalados aquí; se trata de una especie de cotorritas procedentes de Sudamérica (creo que argentinas) las que dejadas en libertad de las jaulas que en su día ocuparan, han proliferado de tal manera que hoy pueblan todo este grande y largo paseo marítimo y de lo que aquí obtienen viven, como supongo vivirían en su lugar de procedencia, puesto que su proliferación actual así me lo confirma.
Tan es así, que estas escandalosas avecillas y en su incansable laborar, están construyendo de nuevo, los grandes nidos que antes poseían en las ramas de las altas palmeras ya referidas y las que al ser podadas recientemente, echaron abajo los podadores; pero que de inmediato estas tenaces cotorras están construyendo de nuevo y con sus rápidos ires y venires, luciendo sus bellisímos plumajes de un color verde intenso; animando su trabajo con sus gritos y acarreos constantes de ramitas que ellas saben elegir; resulta un espectáculo aleccionador para aquellos que observamos con atención todas las lecciones que nos da constantemente la madre Naturaleza, la que generalmente nunca se rinde y sigue construyendo contra viento y marea… y aquí hoy estoy viendo un ejemplo más; puesto que estas aves hoy las veo mucho más activas, ya que posiblemente estén en época de cría y tienen que preparar el lugar apropiado para traer nuevos pollos, para que la especie siga creciendo en estas costas que hasta que llegaron aquí, eran inalcanzables para ellas y por cuanto es fácil de discernir.
Una muy agradable brisa sopla desde poniente y ella me acaricia tanto física como mentalmente trayéndome múltiples recuerdos gratos e ingratos, de mi viajar continuo por este planeta al que no llegaré a entender nunca.
Y vuelvo a las aves que he nombrado y a las que podría sumar las diferentes gaviotas que igualmente vuelan por estas costas; todas ocupan sus lugares y no interfieren unas en las otras; todas encuentran sus sustento y todas proliferan naturalmente y sin ninguna atesorar nada… viven felizmente el día a día de toda su existencia; vuelan en sus territorios, las gaviotas planean y se ciernen en los cielos majestuosamente incluso cuando el feroz viento marino azota; igualmente las veo posarse en el mar y en el que flotan como si fueran de corcho; todo ello me indica una armonía inexistente en “el reino humano”; puesto que entre esta fauna, hasta las que mueren, no llegas a verlas nunca o casi nunca, la propia naturaleza las hace desaparecer para que la fealdad de la muerte no la veamos los humanos.
Me siento bastante feliz y conforme con la vida que he llevado y llevo; mientras medito sigo desmigando el pan que me sobró en la cena y que ávidos y exigentes vienen a pedirme los gorriones, que incluso se aproximan a mis zapatos para exigirme que les eche más; de ello se aprovechan las palomas, las que ya son plaga por aquí y a las que por ello no quisiera que ese pan les llegara, pero son incansables y por ello viven pese a que ya las denominan como… “las ratas del aire”; y como aquí no hay depredadores naturales, salvo los gatos que por aquí también “andan sueltos”; pero estos no son enemigos preocupantes para estas también muy prolíficas aves.
Y transcurrido este “idílico” tiempo de no más de dos horas, he vuelto a mi casa de aquí y he hecho este pequeño y distendido relato, olvidando por hoy… “las basuras políticas y humanas que nos llenan demasiado el hábitat humano y el que no sabemos acoplar de forma en que pudiésemos vivir como estas faunas que hoy indico en mi relato; pero ello no fue, ni es posible, ni lo será en vete a saber cuántos siglos aun”… nosotros somos mucho más animales que los que lo son de forma natural en la Naturaleza.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)

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